01/10/06
Cuando hablamos de Cirugía Mayor Ambulatoria (CMA), nos estamos refiriendo a la realización de procedimientos quirúrgicos, terapéuticos y /o diagnósticos, de una complejidad media, que pueden realizarse bajo distintas técnicas anestésicas, en pacientes que tras un periodo de control y recuperación son dados de alta el mismo día de la intervención. Todo ello con igual calidad, eficacia y seguridad que en los pacientes hospitalizados.
Los inicios en España de esta modalidad quirúrgica podemos situarlos entre los años 1980-1990, siendo varios los factores que ayudaron a su implantación. Unos son de tipo económico (aumento del gasto sanitario, limitación de los recursos, política de contención de costes); otros, de tipo social (extensión del derecho a la asistencia sanitaria, incremento de las listas de espera, mejora de las condiciones higiénico-sanitarias de la población).
Por último, el avance en las técnicas quirúrgicas -con la aparición de métodos menos invasivos (cirugía laparoscópica, láser)- y de los procedimientos anestésicos permitían controlar mejor tanto el proceso quirúrgico en sí como el dolor, las náuseas y los vómitos que pueden acompañar a estos procesos.
Todos estos factores, unidos a la inquietud de muchos profesionales preocupados por buscar nuevas fórmulas que dieran respuesta a nuevas demandas asistenciales, contribuyeron a que estas unidades de CMA fueran proliferando, unas veces integradas física y administrativamente dentro de un hospital, y otras de forma independiente. En función del tipo de unidad, de sus recursos estructurales, técnicos y humanos, el número y variedad de intervenciones que pueden ofertar variará de unas unidades a otras. A la hora de elegir a los pacientes candidatos a este tipo de cirugía, existen unos criterios que determinan la idoneidad de los mismos, dependiendo de su estado físico, sus condiciones personales y sociales, y de que presenten alguna patología asociada que pueda aconsejar su ingreso hospitalario tras la cirugía.
FALTA DE INFORMACIÓN
Un criterio de exclusión a tener en cuenta puede ser la no aceptación por parte del paciente a ser intervenido de esta forma ambulatoria. La negativa viene motivada en muchos casos por la escasa información que el paciente tiene acerca de cómo se va a desarrollar todo el proceso y del funcionamiento de la propia unidad. Esta última afirmación nos lleva a señalar dos requisitos importantes para el correcto funcionamiento de las unidades de Cirugía Mayor Ambulatoria. Uno de ellos es el estrecho contacto de los profesionales que intervienen en el proceso con el paciente y su entorno familiar, pues desde éste se deberán asumir parte de los cuidados postoperatorios. El otro requisito es el seguimiento telefónico tras la intervención, con el propósito de comprobar el normal desarrollo postoperatorio, detectar los problemas que pudieran presentarse y determinar la manera más adecuada de resolverlos.
Esta modalidad quirúrgica goza cada vez de mayor implantación, si bien el grado de desarrollo no es uniforme, variando de unas regiones a otras, incluso estas diferencias se dan entre unidades de una misma Comunidad Autónoma debido a diversos factores.
MÁS PROCESOS
Sin duda, el avance de las técnicas quirúrgicas y anestésicas, así como la formación más específica de los distintos profesionales sanitarios que intervienen en el proceso harán que aumente el catálogo de procesos a ofertar tanto en el Sistema Nacional de Salud como en la iniciativa privada. Este incremento será aún mayor si consideramos la modalidad de corta estancia, que permite la pernoctación del paciente al menos una noche, en la propia Unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria
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